¿Quieres sentirte joven? Aprende a bailar

¿Aprender a danzar salsa o bien tango podría resguardar nuestros cerebros contra el envejecimiento? Un nuevo estudio que equiparó los efectos neurológicos de danzar música country, pasear y otras actividades sugiere que aprender un baile podría ser realmente ventajoso.

Las demandas mentales y anatómicos que supone podrían hacer que esta actividad sea extraordinariamente poderosa para desacelerar ciertos cambios de nuestros cerebros que, de otra manera, serían ineludibles con la edad.

Los neurocientíficos y aquellos que han alcanzado o bien rebasado la madurez saben que el cerebro se altera y se vuelve más lento conforme avejentamos.

La velocidad de procesamiento, que ayuda a medir la velocidad con la que nuestros cerebros pueden absorber, acceder y contestar a información nueva, semeja padecer los efectos mayores. La mayor parte de las personas que tienen más de cuarenta años consiguen peores resultados en las pruebas de velocidad de procesamiento que los más jóvenes, efecto que se acelera conforme transcurren las décadas.

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Los científicos sospechan que este declive se debe en buena medida a que la substancia blanca del cerebro, esto es, nuestro cableado, tiende a “deshilacharse” (o bien desordenarse) simultáneamente.

La materia blanca está compuesta por células especializadas y sus ramificaciones, que pasan mensajes entre las neuronas y de una parte a otra del cerebro. En los cerebros jóvenes, estos mensajes pasan de manera rápida de una neurona a otra a una velocidad pasmosa. No obstante, en las personas mayores, la materia blanca puede ser más ligera y menos eficiente, conforme muestran los encefalogramas.

Sin embargo, no se sabe con claridad si este declive en la materia blanca está relacionado con la edad o bien si se puede mudar.

Con lo que para el nuevo estudio, publicado últimamente en la gaceta Frontiers in Aging Neuroscience, los estudiosos de la Universidad de Illinois en Urbana y otras facultades decidieron observar los efectos de distintos géneros de ejercicio en las conexiones y la función del cerebro de las personas mayores.

Primero, reclutaron a ciento setenta y cuatro personas sanas entre los sesenta y los setenta años de edad sin signos de deficiencias cognitivas. La mayor parte eran sedentarios, si bien ciertos hacían ejercicio de forma eventual.

Después invitaron a los hombres y a las mujeres a un laboratorio de la universidad para revisar su condición aeróbica y capacidades mentales, incluyendo su velocidad de procesamiento, aparte de efectuar un encefalograma con una compleja máquina de resonancia imantada.

Finalmente, los estudiosos dividieron a los voluntarios de forma azarosa en diferentes conjuntos. Uno empezó un programa supervisado de travesías a paso ligero a lo largo de una hora, 3 veces por semana. Otro empezó un régimen de fáciles ejercicios supervisados de estiramiento y equilibrio, 3 veces por semana.

Al último conjunto se le asignó la labor de aprender a danzar. Estos hombres y mujeres asistieron a una investigación de baile 3 veces por semana para practicar una hora de coreografías de baile country cuya complejidad iba en incremento, en las que el conjunto debía formar líneas y cuadrados fluidos y cada persona debía mudar de pareja.

Trascurridos 6 meses, los voluntarios retornaron al laboratorio para reiterar las pruebas y los encefalogramas como al principio del estudio.

Las diferencias resultaron ser prometedoras y alarmantes.

En general, el cerebro de todos mostró ciertos signos de lo que los científicos llaman “degeneración” de la substancia blanca. Los cambios fueron sutiles, relacionados con un adelgazamiento ligero del tamaño y la cantidad de conexiones entre las neuronas.

No obstante, los efectos se generalizaron de forma sorprendente entre los cerebros de las personas, teniendo presente que solo habían pasado 6 meses desde los primeros encefalogramas, mienta Agnieszka Burzynska, la autora primordial del estudio y maestra de desarrollo humano y neurociencia en la Universidad Estatal de Rojo en Fort Collins (quien previamente había sido estudiosa de doctorado en la Universidad de Illinois).

La degeneración era singularmente observable en los voluntarios de mayor edad y aquellos que habían sido más sedentarios ya antes de incorporarse al estudio.

No obstante, un conjunto mostró una mejora real en la salud de parte de su materia blanca cerebral, en comparación con 6 meses ya antes. La materia blanca de los bailadores era más gruesa en su fórnix, parte del cerebro relacionada con la velocidad de procesamiento y la memoria.

Parecía ser que las demandas cognitivas del baile, que requería que las personas aprendiesen y dominaran una coreografía nueva durante los 6 meses del estudio, afectaron la bioquímica del tejido cerebral en el fórnix, comenta Burzynska, lo que fomentó incrementos en el grosor y la cantidad de conexiones en esa zona.

Resulta interesante que ninguno de los cambios en la materia blanca de los voluntarios se reflejó de forma evidente en su desempeño cognitivo. El desempeño de la mayor parte en las pruebas de pensamiento mejoró en comparación con el comienzo del estudio, incluyendo las pruebas de su velocidad de procesamiento, aun si su materia blanca era más delgada.

Estos resultados señalan que podría haber un desfase temporal entre el instante en que el cerebro cambia a nivel estructural y aquel en que empieza a tener inconvenientes para meditar y rememorar, explica Burzynska.

Sin embargo, lo más alentador, afirma, es que los resultados asimismo sugieren que participar en “cualquier actividad que implique moverse y socializar”, como se hizo en todos y cada uno de ellos de estos programas de conjunto, podría destacar las capacidades mentales en los cerebros que avejentan.

“El mensaje es que deberíamos intentar no ser sedentarios”, asevera. “La gente que participó en nuestro estudio y que hacía ejercicio tuvo el menor declive” en la salud de la substancia blanca, apunta, y aquellos que tomaron clases de tango en la escuela de tango capital federal aumentaron su materia blanca.

Claro que este estudio fue parcialmente de corto plazo. Burzynska espera estudiar los cerebros de la gente que participó en diferentes géneros de actividades en el trascurso de múltiples años.

Sin embargo, de momento, asegura que los datos nos dan un motivo más para movernos y quizá de aprender a danzar la rueda de casino de salsa o bien las coreografías del country.